sábado, febrero 23, 2013

No se que coño me pasa hoy....

“¿A mí me vas a hablar de soledad, a mí, que he enterrado dos perros?”.  
Benito Pérez Galdós
  Teresa, personaje inventado por Milán Kundera en “La insoportable levedad del ser”, transformaba en sus sueños el cáncer terminal de su perra, por un parto en el que nacían panecillos y abejas. Quizá parezca algo absurdo, pero puedo asegurarles que cuando el consciente se afana en aceptar algo doloroso, el subconsciente busca soluciones y atajos inverosímiles para dejar de sufrir. En este libro, absolutamente recomendable y del que hablé en este post, se describe en una narración minuciosa la agonía final de la perra Karenin, y su posterior sacrificio. Pocos escritores han descrito tan fielmente el dolor de perder a su perro. Les escribo sobre este tema porque Jacko, mi perro, murio hoy. No soporto la tristeza que me produce su ausencia, el no poder ver sus ojitos cariñosos y no sentir ya nunca mas, su compañia. Como decía Pérez Galdós en la frase del principio, yo también he enterrado dos perros, primero Nickol y ahora Jacko (foto arriba), por eso conozco el vació que dejan cuando se marchan, vació que nada ni nadie ocupa, o como decía Teresa en el libro antes mencionado:
 ¿ Quien dará ahora cuerda al reloj de mis días ?





"Quien no ha tenido un perro, 
no conoce lo que significa ser amado" 
 Shopenhauer

17 comentarios:

  1. Qué situación más dura India Rebelde, aunque son cosas que tarde o temprano llegan cuando se tienen estos maravillosos seres con uno, queda el consuelo de todo lo felices y bien que lo pasaron en nuestra compañía.
    Te doy un abrazo largo desde este corazón que tan bien sabe de vacíos y penas.

    ResponderEliminar
  2. Qué situación más dura India Rebelde, aunque son cosas que tarde o temprano llegan cuando se tienen estos maravillosos seres con uno, queda el consuelo de todo lo felices y bien que lo pasaron en nuestra compañía.
    Te doy un abrazo largo desde este corazón que tan bien sabe de vacíos y penas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido Aristos, hay seres en la vida que ni queriendo olvidar...olvidamos, te aseguro que mi perro Jacko es uno de esos seres, primero por la forma en que llego a mi vida, por las condiciones en que llego a mi vida, luego, por la razon del nombre que le di: Jacko, por todo lo que le di y tambien por lo que deje de darle... y porque en definitiva, era mi perro amado.

      Recibo tu abrazo largooooooooooo......

      Besos

      Eliminar
  3. Hola India rebelde, he aprendido tanto de estos maravillosos seres, que aunque los miremos como animales, tienen tambien un alma, un sentido de vida...si! Soy Consteladora Familiar, reconociendo que la familia es un sistema, y que estamos regidos por un Alma Familiar al cual le somos fieles en lo bueno y en lo difícil, y aquí tambien las mascotas tienen mucha importancia.
    A veces, me ha tocado vivirlo y tambien verlo- en más de una ocasión- como los animales, sean éstos perros o gatos, "cargan cosas nuestras POR AMOR"....incluso llegando a morir por nosotros para sanarnos!
    Saludos,

    Ali

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entiendo perfectamente tus palabras amiga Ali, y gracias por pasarte a mi rincon y dejar tu huella sabia como siempre...

      Algo he leido sobre las " constelaciones familiares", sobre la proteccion que le brinda una mascota a su dueño o dueña, etc...soy muy dada a ese tipo de lectura y conocimiento, y aunque poco lo practico (pero si practico), son lecturas que siempre me dejan un buen sabor y un mejor vivir.

      Y quizas tengas razon, mi perro Jacko tuvo que morir para que yo pudiera enterrar recuerdos con el...

      Besos y fuerte abrazo amiga.

      Eliminar
  4. Mi querida India...te envío un fuerte abrazo y toda mi solidaridad para contigo en estos momentos de dolor que vives...conozco eso, he visto a mi hija y mi hijo sufrir por sus animalitos cuando murieron; sufrir, cuando ellos desaparecen, es una muestra de todo ese amor que les brindamos a ellos y cuánto ellos nos llenaron de vida, eso nos hace grandes y eso es precisamente lo que necesitamos, gente como tú que aman aun al riesgo del dolor!
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por compartir conmigo tus experiencias familiares y gracias por tus palabras amigo Gustavo...

      Besos

      Eliminar
  5. Duro y penoso, pero dura y penosa en la vida en muchas ocasiones compañera. Cuantas personas quisieran ser como la bondad que tienen esos animales

    Besos amiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Asi es amigo Rafa... duro y penosa la vida aveces...

      Besos

      Eliminar
  6. Lo siento, India. Te comprendo porque se nos murió "Pusky" nuestro perro cuando tenía 15 años y toda la familia lo lloró como a un hijo o hermano. No encuentro palabras para calmar tu pena.
    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido amigo, si algo te sirve...dejame decirte que leer la historia de lola en tu blog, me ha hecho reir mucho...eres muy gracioso y ocurrente en tus escritos amigo, gracias!!!

      Eliminar
  7. Hola, enhorabuena por tu blog!
    Si usted puede visitar este blog:
    http://morgannascimento.blogspot.com.br/
    Gracias por su atención

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hi Morgan!!! Gracias por deajr tu comentario y tu huella...te sigo...

      Eliminar
  8. Me identifico contigo totalmente y por eso comparto tu dolor.
    Deja que el tiempo pase. No hay otra fórmula para que deje de doler.
    Perdí hace 10 años a mi perrillo y no hay un sólo día en que no me acuerde de él.
    De hecho no he vuelto a tener ninguno para evitar volver a pasar por lo mismo.
    Un cariñoso abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias querida Belen, bueno, a mi me queda mi otro perro Oso, un poodle que crecio junto a Jacko...

      Fuerte abrazo querida amiga

      Eliminar
  9. lo siento amiga, besos

    El Chacal

    ResponderEliminar

La herida causada por una lanza se puede curar, pero la causada por la lengua es incurable....

Proverbio árabe.